Formación y forjación

 

Los valores son las conquistas más precisas y fieles en lo que cada uno invirtió en formarlos.


 


Me toca ahora, mi sinceramiento académico.

No puedo menos que destacar la excelencia de maestros que ya sea desde lo privado o lo público han contribuido, inconfundiblemente  en mi formación, y que sin el más mínimo atisbo de duda, no dejo de reconocerles permanentemente.

 

Como olvidarme  de mis gateos musicales con el eminente maestro Rodriguez Mendoza (mi ulterior maestro de armonía y composición), mis primeros pasos con la insigne Consuelo Mallo López, mi carrera académica con el distinguido Martínez Zárate y el inolvidable Juán Pedro Franze.

 

Y ni que hablar la especialización tan exclusiva, única, elevada, refinada y por demás exigente de la inconfundible Monina Távora o la visión altamente humana, artística, inteligente, monumental y amplia de Orlando Tarrío.

 

Y aquellos que aún desde lo remoto me cincelaron. Los tantos años de docencia en todos los niveles; de investigación en educación por el arte; mi especialización en sonido y guitarras antiguas; técnica guitarrística y musicalidad.

 

Los escenarios transitados, mis creaciones, los viajes.

 

Todo, absolutamente todo, desde mi primera inigualable escuela, la de mis padres y mi casa, pasando por lo enunciado, hasta mi actual familia,  me han “formado y forjado” a fuego lento pero seguro, hondo por eso único, paciente para que sea eterno y sabio por ser divino.